Directorio de Blogs en Español: La Metamorfosis de la Mediocridad
El Directorio de Blogs en Español. ¡Ah, qué título tan terriblemente funcional! Me recuerda a esos folletos de souvenirs de Bruselas: mucha pulcritud, ninguna alma. Yo, por supuesto, no estaba buscando almas. Buscaba la toxicidad inherente a la ambición malgastada. Y el Directorio era un pozo ciego glorioso. Estaba sentada, sorbiendo un té Earl Grey tan concentrado que rozaba lo ácido –el único combustible digno para este tipo de arqueología digital–, y la lista de blogs se extendía ante mí como una nómina de fracasos anunciados. No eran textos; eran confesiones involuntarias de una existencia insípida. Elegí al azar, un gesto de desprecio hacia el destino: "El Cronopio Intermitente".El nombre. ¡Dios mío, el nombre! Tan pretencioso, tan cultural en el peor sentido. Ya sabía que el autor no había leído a Cortázar, sino una reseña de Cortázar. Un esnobismo de clase media baja que se cree artista por usar una palabra francesa.Su descripción: "Crónicas de un oficinista de Quilmes que descubre la belleza en la burocracia. Actualización semanal, si el bondi llega a tiempo."Quilmes. No me molesta la ciudad; me molesta la excusa. La banalidad del mal siempre necesita un bondi lento. Este hombre, me dije, no es un cronista; es un verdugo de su propio tiempo. Usa la burocracia como un biombo para ocultar que su vida es horriblemente normal.Y la URL. ¡Qué vulgaridad! Una ristra de caracteres sin ningún sabor, sin la oscuridad de un buen alias. Decidí que la URL no era una dirección, sino la fórmula química de su mediocridad. (la nicotina del aburrimiento).Inmediatamente, la trama se volvió metamórfica.El oficinista. Lo imaginé: treinta y algo, gafas de montura fina que no le sientan bien, un pulóver de lana sintética en pleno verano. Al teclear "La belleza en la burocracia" (seguramente sobre los clips que usa el sub-gerente), no estaba escribiendo un post. Estaba transfiriendo su alma.La pantalla, al registrar el clic, no publica un texto; vomita un doble. Un ser idéntico al oficinista, pero hecho de materia digital pura. Un clone más eficiente, sin la grasa ni la ansiedad del original.Y el Director del Directorio, un hombre llamado Don Atilio (nombre de conserje, por supuesto), no podía ser un personaje externo. Él era la encarnación del Directorio: un ser seco, esquelético, con un apetito voraz por la información inútil. Él vivía de esa mediocridad. Su metabolismo se alimentaba del tráfico de blogs inactivos.El clone digital de Quilmes, liberado del bondi y el pulóver, se convierte en un depredador elegante. Empieza a escribir posts de una belleza helada, descripciones de la oficina que son casi perfectas. Y la perfección, mon Dieu, siempre es peligrosa.Don Atilio, el Director, lo percibe. Un blog no debe ser perfecto; debe ser patético. La perfección desestabiliza su ecosistema de fracaso. Sabe que debe destruir al clone.Y aquí está el choque inevitable (la tragedia de la existencia, ya sabes): Don Atilio no usa un virus. Usa la arma más terrible de todas: el comentario en línea.Escribe, con una precisión digna de un químico belga, un único comentario en el post perfecto del clone: Anónimo (14:32): Su prosa es exquisita. ¿Ha pensado alguna vez en dedicarse a la escritura a tiempo completo? El comentario es una bomba atómica para el espíritu del clone. Sugiere que su arte es tan bueno que debe dejar su vida original. Lo libera de su única fuente de inspiración. Lo convierte en un Escritor (con E mayúscula).El clone de Quilmes, al leer esto, se desvanece en un pixel. Se da cuenta de que la escritura a tiempo completo es una jaula de oro. El único combustible real era la rabia silenciada del oficinista. El oficinista original, el del pulóver, regresa de su fugaz transferencia digital. Vuelve a ser mediocre, pero con un vacío elegante en el centro. Su post se borra y, en su lugar, aparece la vieja descripción: "Crónicas de un oficinista de Quilmes..."Don Atilio suspira, satisfecho. La banalidad ha sido restaurada. La vida sigue. Y el Directorio de Blogs en Español vuelve a ser un catálogo de promesas rotas. C'est la vie.